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miércoles, 10 de agosto de 2011

In Waves, de Trivium


A Trivium se les ha etiquetado desde prácticamente el principio como "los nuevos Metallica", etiqueta que muchos grupos anteriores han sufrido y que les ha llevado a crisis profundas desde las que nunca han vuelto a ser los mismos. Pero los chicos de Florida parece que nunca se han amedrantado ante el desafío, ellos tienen claro que nunca habrá unos nuevos Metallica, pero si puede haber un nuevo grupo que cambie el metal que no tenga que ser necesariamente comparado con los de San Francisco. 

Así, la carrera de la joven banda ha estado siempre apoyada por los metalheads más jóvenes, que los ven como el grupo líder de su generación, mientras que la vieja escuela suele negarse a darles una oportunidad (el baño de objetos con el que les recibieron en Londres cuando telonearon a Iron Maiden lo demostró). Ni cuando publicaron su álbum más clásico, The Crusade, contentaron a estos fans, y en muchos casos tampoco a los suyos, por lo que parece que decidieron dejar de hacer concesiones a la galería y empezar a ir a su rollo, sin preocuparse por lo que digan los demás.

Con este panorama asoma la cabeza In Waves, su quinto álbum. Después del aclamado Shogun, su álbum más progresivo, parece que la banda ha querido combinar los elementos de los últimos tres discos, creando uno que podría haberse titulado fácilmente The Ascendacy of the Shogun's Crusade. Esto no tiene que ser negativo, aunque es verdad que con las primeras escuchas el disco no causa muy buena impresión y se hace largo. Todo es cuestión de acostumbrarte y eliminar las cinco canciones bonus, ya que tres de ellas están intercaladas a mitad del disco. A partir de ahí, si te gusta Trivium, disfrutarás como un enano. 

El álbum arranca con un tema homónimo potentísimo, bruto pero melódico. La melodía, tanto vocal como de guitarra, es clave en muchos temas, cosa que siempre ha supuesto una característica de la banda. Así tenemos temas como "Inception of the End" o "Caustic Are The Ties That Bind", que tienen una línea muy neo-thrash pero que tienen partes totalmente melódicas que a veces suenan a Bullet For My Valentine, sobretodo en la segunda (¿o son Bullet For My Valentine los que suenan a Trivium?).

Para los fans de los Trivium más viscerales, a los que les gustan los riffs rompecuellos pero técnicos y  escuchar a Heaffy dejándose el alma, tenemos temas como "Dusk Dismantled" (mi favorito del disco), o "Chaos Reigns" (¿posible homenaje de Heaffy a Von Trier, ahora que que es un gafapasti?). Y los himnos tampoco faltan, ahora que ya no tocan el que debería ser el himno de una generación "Anthem (We Are The Fire)", en este disco hay posibles sustitutos como "Built To Fail" o "Black", buenas canciones pero que carecen de la épica de la antes nombrada. También hay cosas nuevas, como el uso de algún blastbeat esporádico (el nuevo batería cumple muy bien sustituyendo a Smith), y especialmente la canción que cierra el disco "Of All These Yesterdays", tema con dejes de balada épica que no habría desentonado en The Crusade.

En conclusión, In Waves debería gustar a todos los fans de Trivium. Es un disco logrado y muy bien producido, tiene de todo, pero lo malo es la sensación constante de deja-vu. Es cierto que el metal de Trivium es muy personal, pero un poco de innovación no les vendría mal de cara a un futuro trabajo. También hecho en falta la canción instrumental que nos han regalado en sus dos últimos trabajos para cerrar los discos. Shogun y The Crusade eran dos temazos grandiosos, y dejaban muy claro que el nivel compositivo de estos chavales es muy alto. ¿Nos regalarán un disco instrumental algún día? A mí me encantaría, pero ahora espero que graben por fin su ansiado directo para CD y DVD, algo que puede ser épico.


martes, 9 de agosto de 2011

The Black Crown, de Suicide Silence


Suicide Silence tuvo la mala (buena para los fans) fortuna de que su debut, The Cleasing, fuera uno de los mejores discos de metal extremo de los últimos años, que cogió el género allí donde lo habían dejado Slipknot después de sus dos primeros álbumes, creando un sonido que ha sido imitado por cientos de bandas desde entonces. Y es mala suerte porque, después de eso, todo lo que hagan va a ser comparado con su ópera prima. Su anterior disco, un más que decente ejercicio de metal extremo en el que ya empezaron a dar señas de por donde iban a tirar en el futuro, fue menospreciado por fans y crítica. Ahora llega este The Black Crown, su tercer álbum, que ha recibido mejor acogida que el anterior, pero aún así, me parece que sigue menospreciándose un poco al tratarse de la banda que creó The Cleasing.

En este nuevo disco, la banda se adentra definitivamente por los senderos que en No Time To Bleed eran parte de una encrucijada. Han madurado y se han dado cuenta de que tienen que hacer su música para ellos, no para sus fans, y han decidido seguir con su evolución natural. Que nadie se asuste, Suicide Silence no son Bring Me The Horizon, que ya tienen poco que ver con la escena extrema, Mitch Lucker sigue verreando como siempre, los blastbeats siguen siendo demenciales, y la brutalidad de los riffs y los breakdowns tienen tanta fuerza que pueden tirarte de la silla en cualquier momento, siguen teniendo ese sonido tan personal que siempre les ha caracterizado.

Pero eso no quiere decir que no hayan añadido nuevos elementos, como un acercamiento de Lucker a la melodía vocal, una producción más heavy, más groove en las guitarras, etc. Sin duda es muy significante el acercamiento en algunas canciones al Nu Metal más cafre, como en "You Only Live Once", un tema que recuerda a como sonaría "Wait And Bleed" si hubiera sido compuesta hoy. La mayor sorpresa del disco es sin duda la aparición de Jonathan Davies en "Witness The Adicction", algo que ha desconcertado a los fans aunque los miembros de la banda siempre han ensalzado a Korn como una de sus grandes influencias. La otra colaboración curiosa es la de Frank Mullen, de Suffocation, en uno de los temas más brutales del álbum, lo más cercano al death metal clásico que podremos oir en el plástico.

Queda poco del llamado deathcore en esta producción, si acaso esos breakdowns tan destructivos de los que siempre han hecho gala, pero el sonido del disco tiene poco que ver con el de las bandas del estilo. Esto es metal extremo sin etiquetas, con muchas influencias noventeras de bandas como Sepultura, Pantera o Machine Head. Está muy claro que Suicide Silence nunca van a entregarnos otro The Cleasing, pero si pueden entregarnos otra obra maestra. Si siguen por este camino, el próximo disco podría ser un disco muy a tener en cuenta. De momento, con este han conseguido llegar al puesto veintiocho del Billboard americano, todo un logro para un grupo de sus características.



miércoles, 22 de junio de 2011

Ritual, de The Black Dahlia Murder


“¿Qué es eso del color?”, decía la mona Chita en uno de tantos magníficos sketchs de Muchachada Nui, cuando oía a su cuidador decir que sus películas de Tarzán serían mejor en color. Por si hay algún despistado, los monos ven en blanco y negro, por lo que no pueden distinguir más colores. Bueno, pues si a la mona Chita le pusiéramos Ritual, el nuevo disco de los americanos The Black Dahlia Murder, diciéndole que es un grupo de deathcore, como muchos han catalogado a la banda, después de escucharlo nos diría “¿qué es eso del core?”, con el consiguiente cabreo destrazalotodo.

Todo este cuento para decir que en su nuevo disco, estos frikis de Detroit se han quitado de encima la etiqueta core y nos han entregado un disco de death metal puro y duro, y posiblemente se trate de uno de los mejores del año en el mundo del metal. Aunque también podemos sacar la moraleja de que debemos dejar las etiquetas de lado y simplemente disfrutar de la música, ya sea death metal o jazz avantgarde, llamarlos simplemente música. Pero dejémonos de moralina y vayamos directos al grano.

 El álbum es una carnicería, un baño de sangre y visceras al que los Dahlia nos tienen acostumbrado. Están sus típicas canciones con blastbeats por doquier, punteos melódicos y su particular cantante que altera perfectamente sus dos registros, el más grave, típico del death metal, y el más agudo, más típico del black metal, aunque no con la profundidad tan cavernosa que caracteriza a los vocalistas de este género. Temas que volverán locos a todos los fans de The Black Dahlia Murder son Conspiring with the Damned o Moonlight Equilibrium. También hay un tema muy thrasher en todos sentidos, de un minuto y medio, Den of the Picquerist, que recuerda por momentos al mítico y brutal Struck A Nerve de Machine Head.

La sorpresa viene con los temas más groovies, como On Stirring Seas of Salted Blood o Malenchanments of the Necrosphere, canciones más pesadas que nos muestran el reverso del sonido Black Dahlia, pero que siguen sonando a ellos, sin perder sus señas de identidad. Parece ser que su nuevo guitarrista, ex Arsis, ha jugado un papel fundamental en esta nueva senda musical. Parece que lo mejor de los antiguos Arsis ha ido a parar a esta banda a través de él. También se nota su presencia en los solos, más elaborados que en anteriores discos. Incluso podemos notar teclados en temas como la final Blood in the Ink.

No sé lo que tiene esta banda de chiflados que encanta a todos los fans del metal extremo. Será por su buen hacer metalero, será por sus letras “gorefrikis”, será porque sacan discos cortos de cuarenta minutos cada dos años que nos dejan con ganas de más. Lo fundamental es que no aburren, y eso, en una banda de sus características, es muy de agradecer. Ya estoy deseando que pasen otros dos añitos para escuchar su próximo disco, pero vivamos en el presente y disfrutemos del verano más metalhead en mucho tiempo. Si la avalancha de discos que viene no cumplen las expectativas, siempre podremos ponernos Ritual para que nos alegre el día.

martes, 21 de junio de 2011

Illud Divinum Insanus, de Morbid Angel


El gran problema de los grupos leyenda es que nunca van a volver a sacar discos como los que les encumbraron, pero los miembros son tan cabezotas que intentan demostrar que afirmaciones como esa son de alto contenido difamatorio, hasta que, finalmente, los que difaman son ellos mismos con la música que componen. El caso de Morbid Angel, como no podía ser de otra manera, ha llegado al extremo, como a ellos les gusta, aunque no creo que les agrade mucho esta vez. Su nuevo disco era esperado desde hace casi una década por toda una legión de fans sedientos de brutalidad a los que Heretic no había saciado. Los mismos fans que ahora desean que se hubieran quedado en ese disco, y que no saben si gritar, correr, llorar o tomar a broma su nuevo disco.
Lo primero, hay que puntualizar que los fans del metal, como cualquier fan de otra cosa, tiende a exagerar demasiado cuando se decepcionan, y solo basta que uno lea en un foro que x disco es un truño para que el que lee esté de acuerdo y provocar una reacción en cadena que ni una explosión nuclear. El disco de Morbid Angel tiene buenos temas que gustarán a sus fans old school de toda la vida, canciones que, obviamente, no llegan a la altura de sus temas más míticos, pero a estas alturas no podemos pedir peras al olmo. Pero estos temas han quedado eclipsados por los temas más “innovadores”, canciones que se alejan del sonido clásico de Morbid Angel y, por ende, del death metal gracias a un sonido industrializado tanto en las guitarras como en el foco de las iras de los fans, una batería programada.
Hay que reconocer que los temas industriales son impropios de una banda como los Morbid, siendo el primero de ellos, Too Extreme! (¿una burla hacia los fans más quejicas?) un tema soso y repetitivo, con ninguna característica de la banda. Aunque el premio gordo se lo lleva Radikult, que podría haber parido el propio Marilyn Manson en su época más pueril en cuanto a letras (se me escapa la risa cuando recuerdo ese ridículo kil a cop cop kill a cop kill a kill a kill a cop), que se alarga hasta la extenuación y que supone un fracaso total a la hora de componer el himno que me imagino que querían componer. El único tema industrial que aporta algo al disco es Destructor Vs the Earth/Attack, que tiene un sonido totalmente postapocalíptico y robótico que casa muy bien con esas intros oscuras que siempre han aparecido en discos de Morbid Angel, aunque a veces suene un poco ridícula y también se alarge demasiado.
Pero como he dicho antes, también hay temas que son Morbid Angel al cien por cien, como Existo Vulgoré o el tema más salvable del disco por aclamación popular, Nevermore. En la parte no industrial también encontramos un tema que podría ser un himno de verdad para la banda, algo así como si hubieran hecho una versión death metal de I Love It Loud, I Am Morbid, que tiene buenas intenciones y que de verdad presenta todos los ingredientes para ser un himno de la banda, su sonido característico simplificado, un buen estribillo para cantar con los puños en alto y un solo más que aceptable de la última adquisición de la banda.
En general es un disco que no pasaría del aprobado justo, porque aunque Vincent y compañía quieran innovar, Morbid Angel siempre serán las leyendas del death metal, y ese es su sonido, el sonido que podríamos decir que ellos crearon. Esperemos que se den cuenta de ello y no nos ofrezcan setlist plagados de temas nuevos. También hay que dar un toque de atención a los fans que se han cabreado tanto con el disco que hasta han llegado a crear una página de Facebook para reirse de él, y cumplen su objetivo, porque hasta yo me río. Es lo que decía antes, estas bandas legendarias no deberían sacar más discos, porque siempre van a acabar viviendo de su legado. Pero como yo no soy nadie para decirles lo que tienen que hacer, muchas seguirán empañando su nombre, las que hagan caso de mi sabio consejo, tarde o temprano lo agradecerán, aunque hayan perdido la pasta que les pagaría la discográfica por un contrato. Habrán ganado la gratitud eterna de sus fans.

viernes, 3 de junio de 2011

A new level?


Lo que podéis ver aquí encima es la sorprendente y polémica portada del nuevo álbum de Opeth, una de las mejores bandas de la escena metal en la actualidad, que lanzará el disco al mercado el día 20 de Septiembre via Roadrunner. La carátula ha causado fuertes disputas entre sus fans, por diversos motivos. El primero, y más evidente, es el cambio estilístico. Opeth nos tenían acostumbrados a regalarnos portadas oscuras e inquientantes, en cambio, esta está llena de colores e incluso tiene unos toques de ese humor del que Mikael Akerfeldt ha hecho gala en sus conciertos (me refiero al detalle de las cabezas de los componentes del grupo en el árbol, y particularmente al de la cabeza de su exteclista, que se marchó del grupo recientemente, cayendo al suelo). A pesar del cambio estético tan grande, el ilustrador sigue siendo el mismo, Travis Smith, que últimamente estaba haciendo muchas portadas con acentuadísimo toque gótico, y con esta parece que se desmarca un poco de esta tendencia.

Luego se han generado otros debates, más insustanciales, como el significado de la misma. Este debate está estrechamente ligado al más importante de todos. ¿Significa este cambio tan radical en la portada uno de la misma magnitud a nivel musical? Parece evidente, pero lo es más cuando me llega la información de que unos cuantos periodistas privilegiados han podido escuchar el disco al completo. Dicen que es un álbum muy setentero, tanto a nivel de producción como musical, con influencias de bandas como Pink Floyd, Jethro Tull, Black Sabbath, Cream, The Beatles o King Crimson, y de estilos como el jazz, el folk y el funk. Como sabréis, grupos y géneros a los que el frontman de la banda ha manifestado admiración a lo largo de su carrera. Pero es que, además, contará con instrumentos como el contrabajo y el clarinete. Según los periodistas, Akerfeldt ha confesado que está harto del death metal y que este es un disco que quería hacer, y le da igual lo que la gente diga de él. Cuando vemos el tracklist del álbum, no podemos evitar pensar que habrá cambios, pues contiene diez canciones, la cifra más alta de toda su carrera (normalmente rondan las siete u ocho canciones). Por último, está casi confirmado que el disco no contendrá voces guturales, algo que ha sentado muy mal a sus fans más metalheads.

Gracias a estos datos, la polémica está servida a tres meses de la publicación del disco. Esto, aparte de demostrar que los suecos son ya un grupo de culto, también prueba la diversidad de sus seguidores, unos en la escena metal y otros que vienen del rock progresivo. Esta diversidad está provocando un conflicto entre estos dos bandos, ya que los metalheads no quieren que Mikael deje los guturales de lado, algo que consideran signo de identidad de la banda, y los más clásicos desean que Opeth se aventuren por otros senderos.

Creo que a Opeth les ha llegado el momento de alcanzar un nuevo nivel, de superar ese techo tan incómodo que es la etiqueta "metal" para un grupo de su categoría. Con Damnation ya demostraron que pueden hacer una obra maestra sin necesitad de guturales, y en el último y también fenomenal Watershed dejaron un claro mensaje de cambio. Desde la acústica Coil hasta una de sus canciones más redondas, Burden, pasando por los primeros minutos de Hessian Peel. En todas ellas percibimos el sonido del cambio. Akerfeldt es un hombre musicalmente inquieto, de esas personas que no paran de buscar música con la que alimentar su alma. Es un melómano de los de antes, que debe de tener millones de vinilos en algún salón de su casa iluminado con velas. Para esas personas no debe ser sano que simplemente encasillen su música como "metal".

Estoy seguro de que este disco va a ser grande, ya estoy deseando que acabe el verano para poder escucharlo. Obviamente, este disco va a ser de los que se compran el día de su lanzamiento en tu tienda favorita. Después, mientras vas de camino a casa, miras la portada (que me paree espléndida) y te preguntas que clase de magia tendrá en su interior. Por fin, llega el momento de reproducirlo en el stereo y descubrir que lo que contiene es eso y algo más. Me haría un favor si no publicaran ningún adelanto, como hicieron Immortal con su último trabajo, porque me gustaría llegar totalmente virgen a la primera escucha. A mí, y supongo que también, a sus numerosos fans.

jueves, 13 de enero de 2011

Crónica Angelus Apatrida, sala Stereo, 30/10/2010


Los chicos de Muchachada Nui, Andrés Iniesta, Angelus Apatrida... Está claro La Mancha exporta calidad últimamente. Y eso pude comprobarlo el 30 de octubre del ya pasado 2010, fecha en la que los manchegos Angelus Apatrida se presentaron en la sala Stereo murciana.

Para empezar el show y calentar el ambiente, un grupo de la tierra, Iron Curtain, que practican un thrash metal muy clásico, muy cercano al speed en muchas ocasiones. La sala Stereo lucía como nunca antes la había visto, llena hasta la puerta de entrada, incluso con los teloneros, ya que son un grupo muy querido por la zona. Y saben practicar un buen thrash metal sin concesiones, mezclando composiciones propias y versiones, como "Black Magic" de los primeros Slayer. El público disfrutó mucho durante sus tres cuartos de hora de concierto, pues este es un grupo hecho por y para el directo. Pero todavía estaba por llegar lo mejor.

Mientras la intro de su último disco sonaba, los albaceteños tomaban posiciones en el escenario, para golpearnos con toda una patada en los genitales que es "Blast Off". Canción perfecta para abrir un show de thrash metal, provocó el pit más grande que yo he visto en la sala Stereo, y los golpes tampoco eran mal vistos. Después de cuatro minutos de carnicería, siguen a lo suyo con "Of Men and Tyrants", otro zarpazo thrash demoledor, con un riff de los que crean afición.

Estaba claro que venían a presentar su nuevo disco, lanzado por Century Media, pero también había ganas de escuchar algunos de sus clásicos anteriores, como el himno anti-corrupción por excelencia, "Corruption", uno de los temas más coreados (se nota que en Murcia conocemos bastante del tema). También hubo lugar para el también mítico "Give 'Em War" con el habitual Wall Of Death al comienzo. "Fuck You" es otro de sus temas por antonomasia, más en la línea de sus adorados Megadeth, y uno de los más queridos por los fans.

Pero era una noche para su nuevo disco, y siguieron cayendo temas como "Clockwork", en el que el puente que se marcan Guillermo y Jose es para enmarcar. La banda está más compenetrada y eficaz que nunca, no paran de moverse, de jalear al público, y no cometen un solo fallo con sus instrumentos, se nota que han estado un mes partiéndose el culo por toda Europa. Del nuevo álbum también cayeron "Legally Brainwashed" o "One Side One War", ambos temas de denuncia social, el primero a las religiones y el segundo a la guerra, pues este grupo, además de tener una base musical perfecta, escribe letras bastante buenas sobre problemas o injusticias sociales, algo cada vez más común en los grupos de metal (ya está bien de cantarle a Satanás).

También hubo tiempo para una versión, que fue la incluida en su nuevo disco "Be Quick Or Be Dead", de Iron Maiden, que sonó muy thrasher y cañera, aunque sin duda al público prefería su versión de "Domination" de Pantera, uno de los temas clásicos del metal de todos los tiempos que versionaron con increíble resultado en su primer álbum.

Se podría decir que lo mejor estaba aún por llegar, ya que en bis se atrevieron con tres temazos que cualquier banda mataría por tener en su repertorio. Primero "Versus The World", seguramente su canción más querida por los fans, que puso a todos a corear su fantástico estribillo. Después, "Vomitive", que resultó ser el equivalente a una bomba de napalm cayendo en el escenario, no en vano es uno de sus temas más cañeros. Por último, nos deleitaron con "Thrash Attack", otro de sus himnos que es ya un clásico para cerrar sus conciertos.

Apuesto cualquier cosa a que nadie salió de la sala desilusionado, todos salimos contentos, pues si de algo nos dimos cuenta, es que, por fin, en España tenemos un diamante en bruto, y está empezando a ser pulido.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Ya vienen


Me imagino que ya muchos conoceréis la noticia. La mítica banda de heavy metal Judas Priest se retira, no sin antes hacer su última gira, que seguro será todo un must see para cualquier metalhead que se aprecie. A pesar de que una retirada, y sobretodo de un grupo tan grande como Judas Priest, es siempre una noticia dramática, también hay que ver el lado positivo. Rob Halford no está ya para esos agudos imposibles de su época gloriosa, y todos están ya bastante mayores. Mejor retirarse ahora que arrastrar su legado como hacen algunos, sólo por pasta.

Judas Priest, junto con Scorpions, han sido los primeros en anunciar su adiós, y no tardarán mucho otros grandes como AC/DC o Iron Maiden hacer lo mismo. Este año también nos ha dejado Ronnie James Dio, por desgracia no le dio tiempo a retirarse, murió (aunque él si estaba en un estado de forma envidiable para su edad). ¿Y que pasará cuando todos los dinosaurios se hayan ido? Obviamente, que habrá que crear otros. Lo malo del asunto es que las bandas más jóvenes han sido eclipsadas por la mayoría de las grandes y actualmente pocas tienen esa habilidad de gustar a todo el mundo, como si la tienen Iron Maiden o Metallica.

Si acaso la única banda con esa habilidad de mi generación es Slipknot, que ya han encabezado el Download, un requisito indispensable si quieres llegar a ser un grande en este arte. Pero tanto en los noventa como en la primera década del siglo XXI la mayoría de las bandas fueron eclipsadas por los grandes e ignoradas por los metaleros de la vieja escuela. Para estos metalheads todo grupo nuevo, o es una mierda o es una mariconada, y son los que nos han llevado a esta situación de infravaloración a las bandas jóvenes.

La vieja guardia dice que Trivium no hacen metal, lo demuestran lanzándoles objetos cuando telonearon a Iron Maiden en 2006 en Londres. Si Trivium no es metal, entonces los Maiden mucho menos, pues son mucho más melódicos en cualquier sentido, tanto vocal como a nivel de guitarras. La vieja guardia dice que Avenged Sevenfold, Bring Me The Horizon y Bullet For My Valentine no hacen metal, y encima son maricas porque no hay más que verles. Entonces, ¿Qué pasa con las bandas de Glam que tanto adoran de sus añorados ochenta? La vieja guardia dice que esos no eran maricas, sino que eran verdaderos machotes que se revelaban contra la sociedad de su época crepándose el pelo, maquillándose, pintándose los labios y vistiéndose como mujeres.

Las bandas de hoy son igual de buenas o mejores que las de otro tiempo. No seré yo quién le quite mérito a grandes bandas del rock y el metal, y tampoco estoy haciendo un discurso hitleriano para exterminar a toda la vieja guardia, sus gustos son tan respetables como los de cualquiera (menos los de un cani, esos si que no son respetables). Pero por su tozudez y poca apertura vamos a ver a todos los grandes caer a la vez sin poder darle el relevo a alguien de garantías, porque aunque lo hagan, los de la vieja guardia se quejarán igual. A mí me encantaría ver a unos Machine Head o Lamb Of God encabezando los mejores festivales del mundo, pero sin un hype adecuado eso no se consigue, y eso es lo que ha pasado, a todos los grandes grupos se les ha cortado el hype de raíz.

Guste o no, posiblemente estemos ante la última década de dinosaurios, a partir de entonces, todo será como un nuevo comienzo dentro del mundo del metal. ¿Quién encabezará los festivales? ¿Quién llevará la bandera del metal? Los viejos tiempos se van, los nuevos se acercan, ya vienen, y vienen con aproximadamente dos décadas de retraso.